Los drones actuales saltan entre diferentes frecuencias de radio para permanecer ocultos, y los estudios indican que aproximadamente tres de cada cuatro infracciones de seguridad implican sistemas aéreos no tripulados que cambian entre señales como 2,4 GHz y 5,8 GHz mientras vuelan. Las defensas tradicionales que apuntan únicamente a una sola banda de frecuencia ya no funcionan contra estos dispositivos inteligentes, ya que los actores maliciosos saben cómo identificar las brechas en el espectro para mantener sus señales de control y su transmisión de vídeo en tiempo real. Actualmente observamos una presencia creciente en el mercado de drones de gama de consumo capaces de cambiar automáticamente entre frecuencias, lo que significa que los sistemas de defensa deben cubrir prácticamente todas las bandas principales disponibles. Esto incluye, por ejemplo, los 915 MHz, la banda de 1,4 GHz e incluso los 845 MHz, si queremos impedir que alguien cambie de protocolo en pleno vuelo. Los sistemas multibanda son, en la actualidad, la única opción viable para hacer frente a todo tipo de amenazas, ya se trate de un niño con un cuadricóptero de juguete o de equipos militares de alta gama que emplean tecnologías avanzadas de cifrado. La realidad es que la tecnología de drones sigue mejorando a un ritmo asombroso, por lo que cualquier sistema que no cubra integralmente el espectro deja grandes vacíos que los hackers experimentados sin duda detectarán y aprovecharán contra nosotros.
Los drones actuales operan en varias bandas diferentes de frecuencia de radio (RF), tanto para las señales de control como para la transmisión de imágenes en vídeo, lo que dificulta considerablemente su detección. Las principales que observamos son las de 2,4 GHz y 5,8 GHz, utilizadas para controles tipo Wi-Fi y flujos de vídeo en alta definición. Luego está la banda de 915 MHz, que permite a los drones volar a mayores distancias en Norteamérica. En Asia, los operadores suelen recurrir a la banda de 845 MHz con fines similares. Por último, la banda de 1,4 GHz está reservada principalmente para trabajos industriales y proyectos gubernamentales. Todas estas frecuencias pertenecen a lo que se denomina bandas ISM (Industrial, Científica y Médica), a las que cualquiera puede acceder sin necesidad de permiso especial. Esta apertura genera problemas, ya que numerosos dispositivos acaban utilizando simultáneamente el mismo espectro. Para ser eficaces, las defensas contra drones deben supervisar todas estas distintas frecuencias de forma simultánea. De lo contrario, los operadores de drones experimentados simplemente cambian de banda cuando una de ellas queda bloqueada, manteniendo así el control incluso durante incidentes de seguridad u otras amenazas.
La última generación de drones logra evadir las defensas empleando una tecnología denominada espectro ensanchado por salto de frecuencia, que les permite cambiar rápidamente entre distintas bandas de radio durante el vuelo, por ejemplo, desde 2,4 GHz hasta 915 MHz. Para contrarrestar este truco, se han desarrollado sistemas anti-drones de múltiples bandas capaces de interferir simultáneamente varias frecuencias de radio. Estos sistemas inundan básicamente varios canales clave, incluidos los de 2,4 GHz, 5,8 GHz y 915 MHz, además de otros en el rango de 1,4 GHz e incluso 845 MHz, con señales de interferencia. Lo que ocurre a continuación es bastante sencillo: no queda ningún canal limpio disponible para que el dron mantenga su comunicación, por lo que aterriza inmediatamente o regresa automáticamente a su punto de origen según las reglas de seguridad integradas. Los interferidores de banda estrecha convencionales no son efectivos en este caso, ya que los drones modernos cambian sus protocolos de comunicación a una velocidad increíble, a veces en fracciones de segundo.
Los sistemas antídrones basados únicamente en RF presentan limitaciones graves, a pesar de sus capacidades multibanda. Estos sistemas suelen generar alarmas falsas al confundir señales habituales procedentes de dispositivos como routers WiFi o gadgets Bluetooth con amenazas reales de drones, lo cual resulta especialmente problemático en entornos urbanos, donde el ruido electrónico es muy intenso. El problema empeora cuando los edificios bloquean las señales o las colinas generan zonas muertas por las que los drones maliciosos pueden pasar inadvertidos. Lo que hace especialmente problemático este escenario es que los escáneres estándar de RF simplemente no son capaces de determinar la ubicación exacta de un objeto, su altitud de vuelo, su velocidad ni su trayectoria futura: toda esta información es indispensable para que el personal de seguridad decida qué amenazas requieren una intervención inmediata. Cuando el personal de seguridad no puede visualizar estos datos sobre un mapa, no puede anticipar adecuadamente la trayectoria futura de un dron ni responder con la suficiente rapidez mediante equipos de interferencia, independientemente del grado de sofisticación de dichos equipos.
Cuando se trata de superar las limitaciones de los sistemas de radiofrecuencia, la fusión de sensores integra tres tecnologías diferentes pero complementarias. El radar ofrece un seguimiento fiable de la ubicación incluso en condiciones meteorológicas adversas, además de información sobre la velocidad. A continuación, están los sensores ópticos, como los electroópticos o los infrarrojos, que proporcionan una confirmación visual real y ayudan a identificar objetivos. Por último, los escáneres de RF analizan los protocolos de comunicación que se están utilizando. Juntos, estos tres componentes forman una combinación potente para la validación en tiempo real de amenazas. El radar detecta objetos que vuelan por encima, los sensores ópticos verifican visualmente su apariencia, mientras que el componente de RF examina esas señales de control. Al realizar comprobaciones cruzadas entre estos distintos sensores, eliminamos las alarmas falsas, cubrimos los vacíos donde un sensor podría pasar por alto algo y mantenemos un seguimiento continuo de los objetivos desde su primera detección hasta el momento en que deben desplegarse las contramedidas. Esto da lugar a un sistema de defensa integral que funciona eficazmente no solo contra drones convencionales, sino también contra aquellas plataformas sigilosas en RF especialmente engañosas que intentan ocultar su presencia.
Los más recientes sistemas antídrones de múltiples bandas incorporan ahora algoritmos de aprendizaje automático capaces de analizar señales de radiofrecuencia (RF) en varias bandas de frecuencia importantes, como 2,4 GHz, 5,8 GHz, aproximadamente 900 MHz y otras, todo ello en tan solo medio segundo. Estos sistemas distinguen con bastante precisión entre las señales reales de drones y todo tipo de ruido de fondo, acertando aproximadamente nueve de cada diez veces. Esto significa que se generan significativamente menos alertas falsas provocadas por routers Wi-Fi cercanos, dispositivos Bluetooth u otros factores ambientales que, de otro modo, podrían activar las alarmas. Los analizadores de espectro tradicionales funcionan básicamente en un único modo, mientras que estos sistemas impulsados por inteligencia artificial mejoran continuamente su capacidad para reconocer nuevos tipos de señales a medida que van apareciendo. Esto es especialmente importante porque los propios drones modifican constantemente su firmware y sus técnicas de cifrado. Lo que distingue a estos sistemas modernos es también su mayor velocidad de respuesta, reduciendo el tiempo de espera aproximadamente un 40 % en comparación con los enfoques tradicionales basados en reglas.
Los recientes ejercicios TALON de la OTAN demostraron hasta qué punto la fusión de sensores mejora el funcionamiento de las defensas multibanda. Al combinar datos de interferencia de radiofrecuencia (RF) procedentes de cinco bandas de frecuencia distintas, junto con el seguimiento por radar y las verificaciones electroópticas, todo el sistema logró identificar objetivos con una precisión aproximada del 98,7 %, incluso en entornos urbanos repletos de señales confusas. Este tipo de verificación cruzada elimina prácticamente esos molestos puntos ciegos que surgen al depender únicamente de un solo tipo de sensor. Ahora los operadores pueden detectar amenazas que anteriormente habrían pasado desapercibidas para los detectores convencionales de RF. Además, el componente de inteligencia artificial ajusta continuamente la prioridad asignada a cada sensor. Por ejemplo, otorga preferencia a la confirmación óptica siempre que haya mucho ruido de RF en el entorno. A la vista de estos resultados, parece evidente que combinar múltiples sensores ya no es simplemente útil, sino realmente necesario si queremos contar con métodos fiables para detener drones a gran escala.